Rev. Gustavo Martínez
Esta es la hora de entregarle tu vida al Señor,
es hora de consagrarse, de renunciar a lo oculto y vergonzoso.
Nada existe por casualidad en la vida, todo lo
que existe lo ha creado Dios. Bíblicamente todo tiene un propósito, un tiempo,
nada se mueve sin el permiso de Dios.
Cuando Dios llamó a Jeremías al ministerio
profético le mostró cosas que no sabía, que no entendía y que estaban elaboradas
en el plan de Dios aun antes que naciese. “Vino, pues, Palabra de Jehová a mí,
diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te
santifiqué, te di por profeta a las naciones... No temas delante de ellos,
porque contigo estoy para librarte, dice Jehová... Mira que te he puesto en este
día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar
y para derribar, para edificar y para plantar”, Jeremías 1:4-10.
Es posible que desconozcamos de antemano lo que
Dios se ha propuesto hacer en nuestras vidas, aun a pesar de nuestras
limitaciones. Pero estamos aquí, para esta hora y dentro de esta Obra, dentro de
este programa, dentro de este tiempo. Dios en esta época y en esta hora nos ha
dado del conocimiento de la Palabra de Dios y nos ha incluido dentro de los
propósitos de su Obra.
El arquitecto primero se imagina, idea, y lo que
tiene en mente lo lleva a un plano, y luego hace exactamente como está diseñado
en su plano; así Dios tiene su plan, su programa, pues para esta hora Dios nos
quiere usar.
Dentro de ese plan está organizado el triunfo, la
bendición de Dios, lo que no está escrito es la derrota en el plan de Dios.
Cuando uno se rehúsa, se niega, entonces la derrota viene. Pero mientras la
persona está dispuesta a seguir el plan de Dios no hay derrotas.
El problema es que una mayoría actúa sin contar
con la ayuda y dirección de Dios, porque piensa que hace lo correcto. Moisés fue
criado en el palacio, pero no era para que sea un faraón. Dios tenía un
propósito con él, para su momento.
Debemos acercarnos a Dios y decirle: “Señor, ¿qué
quieres que yo haga?” (Hechos 9:6). Algunos pensamos que por nuestra elocuencia,
nuestras capacidades, nuestras habilidades, lograremos resolver situaciones.
Si uno está en el plan de Dios, tiene que
renunciar a su propia vida y si no lo ha hecho no es capaz de disponerse al
servicio de Dios.
Este es el momento de Dios, todos tenemos un
momento. Esta es la hora de entregarle tu vida al Señor, es hora de consagrarse,
de renunciar a lo oculto y vergonzoso.
¡Esta es la hora decisiva, el Señor te
necesita!
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